martes, 22 de diciembre de 2009

"Espantapájaros frustran reunión en Copenhague"

No quería dejar de comentar la Cumbre de Copenhague, pero me encontré con un artículo de Guillermo Giacosa que consideré genial, y simplemente me inhibió a pronunciarme en el tema. Por ello, he decidido, para los que no sigan al columnista de Peru21, publicar el artículo, que creo resume de la mejor manera el malestar de los que nos interesamos aún en el futuro del planeta. Disfrútenlo pero, sobre todo, analicen la gravedad del problema. En serio es grave.
Autor: Guillermo Giacosa
Ya es tiempo de que admitamos en voz alta, lo que en los círculos matrimoniales del poder y el dinero se susurra, aceptándolo como el pecado inevitable al que nos ha conducido la organización política y social que nos hemos dado los humanos. No es culpa de nadie, dicen en voz inaudible los privilegiados. “La fuerza de las cosas”, diría Simone de Beauvoir, si pudiera juzgar el abominable espectáculo de nuestra impotencia. Copenhague fue, en realidad, una colosal reunión de espantapájaros donde la extravagancia era no mostrarse estáticos y paralizados ante la magnitud del problema a enfrentar. Los extravagantes eran quienes todavía mostraban reflejos humanos y podían moverse tanto en el plano físico como en el de las ideas. Inútil, los espantapájaros eran más grandes y ensombrecían el salón: además son sordos y su cerebro, que es solo una máquina de defender intereses económicos, es de paja, en la más amplia acepción del término. Su único objetivo: permanecer plantados allí donde ellos mismos se han dejado ubicar. No tienen ideas, solo intereses. Las ideas bullen, cambian, se mueven, se adaptan a los desafíos del tiempo. Los intereses son rígidos, miran en una sola dirección, tienen clientes y socios de ruta, no prójimos. El prójimo, sobre todo si pretende obrar con autonomía es, para ellos, una incomodidad que hay que ignorar o eliminar. Y a la hora de hacerlo son efectivos, pues el corazón de paja no se reblandece en el momento de apretar el gatillo.

Quizá le interese saber cuál es la diferencia, para este cronista, entre un ser humano y un espantapájaros. Muy simple: los seres humanos son libres y aman la vida. Cuidan de su libertad y cuidan de su vida y la de quienes pertenecen a su especie. Además se sienten responsables por la vida entera que puebla nuestro pequeño planeta. No se engañan con cuentos infantiles, ni se refugian en paradigmas mágicos: saben –con dolor y mucho valor– que la vida es el único bien que realmente tenemos, y por tanto nuestra obligación biológica, psicológica, ecológica y social es protegerla. Protegerla incluso cuando esta, desvinculada de su propia esencia, se vuelve contra sí misma.

Los espantapájaros, los tristes espantapájaros, como aquellos que dominaron la reunión de Copenhague, son entes sin capacidad de decisión propia, que carecen de libre albedrío, obedecen a otros espantapájaros que los mandan y repiten, hasta el cansancio, un discurso previamente grabado en sus neuronas de paja. Son prisioneros de una visión del mundo que nos ha encerrado en un círculo de intereses, del cual son sus custodios y fuera del que no les está permitido buscar respuestas. Llegaron vencidos a Copenhague y se fueron vencidos y despreciados de aquella ciudad. Bajaron la cabeza para hacernos creer que estaban tristes, pero era solo para disimular una sonrisa.
Habían cumplido con su deber: la vida en el planeta ya no será un estorbo y los espantapájaros podrán gobernar eternamente sobre el desolado e inerte mundo del futuro.

1 comentario:

José Manuel dijo...

Ciertamente no sigo Peru 21 desde que salió Rodrich (En cambio soy lector frecuente de La república en papel y on-line). Gracias por compartir este artículo de Giacosa. Sobre los "espantapajaros", debo decir que más me preocupan los "espantapajaros vivientes" aquí a la vuelta, aquellos que pregonan a los cuatro vientos su óptica de desarrollo y la aplican militarmente llamando a los que no están de acuerdo "perros del hortelano". Vamos, con lo que tenemos de Ministerio de Ambiente, los de Copenaghe quedan como burócratas educados frente a estos viles gobernantes.