En medio del caos que reina en una estrecha avenida que cruza el famoso ya Jr. Gamarra en el distrito de La Victoria, donde la gente va y viene abriéndose
paso entre el comercio transeúnte, se escuchan, como si fueran coros, diversas voces que compiten entre sí ofreciendo todo tipo de productos. Son voces mezcladascon el sonido de emisoras con diferentes ritmos musicales que salen de los parlantes de los almacenes, que se encuentran y se desafían por momentos con aquellas gastadas voces que ofrecen siempre productos de vestir en liquidación.

Estamos describiendo sólo el acontecer diario de una de las avenidas que forman parte del Emporio Comercial de Gamarra, ese espacio que ha sido la cuna de muchos empresarios -hoy exitosos-, ofreciendo básicamente productos textiles, y que de un tiempo para acá también ha comenzado a imponer la moda de muchos limeños y de la gente de otros países de la Región. Si se quiere hablar de producto nacional, alguna arista nos llevará siempre a evocar a Gamarra.
Este emporio comercial, uno de los más importantes de Lima y del Perú, se extiende sobre un área de 34 manzanas y comprende 170 galerías con un total de 20 mil negocios. Mueve anualmente mil 200 millones de dólares, da empleo a más de 100 mil personas y diariamente la visitan entre 100 y 400 mil personas. ¿Y por qué es importante detallar este tipo de información? dirán algunos. Sencillamente porque a pesar de los avances que ha tenido este emporio con el pasar de los años, a nivel de orden, servicio y seguridad. Estos requisitos, imprescindibles sin lugar a dudas para una zona que concentra a miles de personas, aún dejan mucho que desear en Gamarra, a pesar de que sus dirigentes se esfuercen en asegurar que el centro comercial es seguro, y que se toman en cuenta todas las recomendaciones.
Y un ejemplo de que no se está preparado para cualquier contratiempo, ya sea de índole natural o provocada por el hombre, es lo que ocurrió en el mes de agosto en una de las galerías, donde si bien el incidente no pasó a ser más que un susto, quedó evidenciado que si las cosas se agravarían en cualquier circunstancia, no se estaría preparados.
Revuelo explosivo en galería de Gamarra
Aproximadamente a las dos y cuarenta y cinco de la tarde del sábado 22 de agosto pasado, el ambiente agitado que reina en Gamarra, comenzó a ceder ante el pánico desmedido. La noticia corrió en pocos minutos entre vendedores, dueños de las tiendas y el público: una bomba había sido encontrada en una concurrida galería comercial.
De pronto, las miles de personas que atiborraban las calles del lugar corrieron sin dirección y sin pensarlo si quiera. La emergencia pudo desencadenar una tragedia. Por suerte, la Policía Nacional, con ayuda de los bomberos, de agentes de seguridad y de los propios vendedores, lograron controlar la situación.
Había sucedido que en el baño de varones del primer nivel de la galería Yuyi, de nueve pisos, ubicada en la cuadra 16 del jirón San Cristóbal, entre las cuadras 8 y 9 del jirón Gamarra, se encontró una caja con nueve cartuchos de dinamita que estaban conectados a una batería de nueve voltios, junto a un celular y un USB.
Esta escena, que fue alertada por un cliente, provocó el alboroto de las personas que se hallaban en el lugar, las que en su mayoría sólo buscaban alejarse todo lo posible. Lo mismo ocurrió con los que se encontraban en las galerías aledañas. Al final, la Policía llegó a acordonar tres cuadras a la redonda del establecimiento para que miembros de la Unidad de Desactivación de Explosivos retiren el equipo detonante y hagan las pesquisas para detectar otros posibles detonadores. En ese momento trascendió que la evacuación del local comercial se vio interrumpida por sus propietarios y los vigilantes, pues cerraron las salidas de emergencia, para evitar cualquier tipo de saqueo.
En principio lo que dejó ver este hecho es que el emporio textil no se encuentra preparada para realizar una evacuación ordenada de las miles de personas ante un hecho de peligro. Pero esta conclusión, luego de las investigaciones que realizó la Policía, sólo terminan siendo una de las tantas observaciones que se puede sacar sobre la seguridad en el lugar. Ya que esta sensación de vulnerabilidad no es sólo para los miles de clientes que llegan a esa zona de La Victoria, sino también para los propios empresarios que viven bajo una constante presión por parte de extorsionadores.
Primera hipótesis: PNP cree que sería mensaje de mafia de extorsionadores
El jefe de la Séptima Dirección Territorial de la Policía Nacional, general Oswaldo Hernández, señaló horas después del incidente que la carga explosiva encontrada en la galería Yuyi sería un mensaje de una banda de extorsionadores a los empresarios de la zona para el cobro de cupos.
Esta es la hipótesis que manejó la policía sobre el hallazgo del paquete de dinamita, que pertenece a la Caja de Pensiones Militar-Policial.
“La intención no era detonar el artefacto, porque la Unidad de Desactivación de Explosivos no lo encontró activado. Esto serviría principalmente como un mensaje de amedrentamiento no a una, sino a varias galerías de Gamarra”, indicó Hernández durante la presentación de los resultados de las operación policial realizadas en la zona. No obstante, vendedores de la galería que fueron testigos de la intervención de UDEX aquel movido día, afirman hasta ahora que el paquete explosivo si estaba conectado y que lo escucharon decir a los propios policías. “Lo que quiere la Policía es que no se alerte sobre la gravedad de la situación”, señala Rosario, vendedora de un stand de la mencionada galería, quien agrega que la Policía siempre minimiza los hechos cuando no le conviene.
Asimismo, César Ortiz, comerciante de la misma galería, indicó que Gamarra sigue siendo tierra de nadie y que tras la bomba las ventas comerciales disminuyeron en un 40 por ciento.
Por su parte, Diógenes Alva, dirigente de la Confederación de Comerciantes de Gamarra, minimizó los hechos y descartó que hubiera extorsionadores operando en el área, donde el alquiler de diez metros cuadrados cuesta 300 dólares por mes. Alva, más bien, atribuyó los hechos a líos internos entre los administradores del centro comercial Yuyi.
Sin embargo, los hechos contradicen las palabras del dirigente que aseguró que en la zona no habría extorsionadores. El domingo 18 de octubre cuatro delincuentes, que extorsionaron por casi un millón de dólares a empresarios del jirón Gamarra, para dejarlos trabajar en paz, fueron arrestados a tiros por la Policía.
Se trata de ex convictos que purgaron prisión en la cárcel de Lurigancho por tráfico de drogas, homicidio, plagio, robo agravado y otros delitos. Según el coronel Ricardo Munaya Mendieta, fue necesario recurrir a un grupo especial de inteligencia para descubrir a los extorsionadores. "No hubo otra salida, porque los agraviados preferían pagar en silencio...", sostuvo.
Claro está que muchas de las cosas que afectan a Gamarra también se deben a la poca importancia que le dan sus propios dirigentes a las dificultades diarias.
Segunda Hipótesis: Paquete explosivo encontrado se debería a conflictos entre administradores de Galería “Yuyi”
Esta versión se manejó más entre los comerciantes del emporio, aunque no descartaron otras posibles razones. Algunos empresarios del lugar, quienes prefirieron el anonimato, especularon que la bomba fue instalada en Yuyi debido a un conflicto de intereses administrativos entre sus dueños, que lleva ya varios años.
Precisaron que un grupo de propietarios quieren venderlo porque les trae muchas pérdidas económicas, pues existen tiendas y almacenes vacíos, y porque el lugar ha perdido renombre en Gamarra. La galería Yuyi pertenece a la Caja de Pensiones Militar-Policial. Fue construida por Alberto Venero Garrido, uno de los principales testaferros de Vladimiro Montesinos, cuando usó ilícitamente los fondos de la mencionada entidad financiera. Por lo que se encuentra en litigio entre los comerciantes y la Caja de Pensiones Militar-Policial. Aquel 22 de agosto, la policía también encontró en los distintos pisos de la galería, panfletos que contextualizaban los enfrentamientos entre comerciantes, lo que no descartaría la versión que dio al respecto Diógenes Alva, al igual que otros comerciantes.
Tercera Hipótesis: Posible atentado terrorista
Otra versión que trascendió aquella misma tarde fue que el hecho podría tratarse de un atentado terrorista. Y esta versión tuvo mayor repercusión debido a algunas características de los explosivos encontrados en el baño del centro comercial. Así como que era la primera vez que este tipo de sistema se usaba en el país. Ante ello, entró a tallar en las investigaciones la Dirección contra el Terrorismo (Dircote) de la Policía Nacional.
Aquella misma tarde, una fuente interna de la UDEX confirmó a El Comercio que fueron nueve los cartuchos de dinamita hallados, cada uno de 65 gramos. “Estaban conectados a una batería de nueve voltios, a un detonador electrónico y a un celular encendido con su respectivo chip. Era un peligro real, si estallaba hubiera sido desastroso”, señaló.
Agregó que hubiera bastado que entrara una llamada al celular para que las cargas de dinamita explotaran. “Afortunadamente en el baño donde colocaron la bomba (ubicado en el primer piso de la galería Yuyi) la señal de telefonía celular no llegaba. Fue un error de cálculo”, refirió la fuente, a horas de acontecido el suceso.
Por su parte, el jefe de la Dirección General de Control de Servicios de Seguridad, Control de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil (Dicscamec), Ricardo Ganiku, afirmó que no se han visto sistemas similares de detonación en el Perú. En cuanto a la cantidad de explosivo reunido en la galería, opinó que se trata de algo delicado y peligroso.
“Una explosión de esa cantidad de dinamita en un lugar así tendría resultados fatales, dañaría considerablemente los cimientos y columnas del edificio que tiene 9 pisos y dos sótanos”, determinó.
A pesar de dicha información, esta versión fue perdiendo fuerza con las investigaciones realizadas tras los días, que llevaban más bien el tema a asuntos internos en el emporio comercial de Gamarra. No obstante, algunas características en el suceso nos pueden llevar a otro tipo de conclusiones. En todo caso, está en manos de la Policía Nacional ofrecer la información correcta y hacer saber las razones reales de por qué se dejó una carga de dinamita considerable en un lugar tan concurrido.
Tema siempre vigente: La inseguridad
Como se dijo anteriormente, esta situación sólo es un pequeño ejemplo de la vulnerabilidad que muestra esta zona comercial de Lima. Y es que la inseguridad que muestra no sólo a nivel de evacuación, sino delincuencial, de redes de electricidad clandestinos, de extorsionamientos, estando tan cerca las Fiestas Navideñas nos deberían llevar a reflexionar. Y más a las autoridades que tienen bajo su responsabilidad vigilar que las leyes y las recomendaciones de Defensa Civil se respeten.
Los propios comerciantes califican como una bomba de tiempo la situación actual del emporio comercial y coincidieron en que el explosivo con nueve cartuchos de dinamita que se encontró, es una muestra de la inseguridad que viven a diario miles de comerciantes y clientes del lugar.
Los robos en Gamarra están a la orden del día. Si bien con el reordenamiento urbano de 2007 la basura y la delincuencia disminuyeron significativamente, hoy vemos un retroceso: los ladrones están al acecho en las esquinas y los policías municipales están más preocupados en decomisar productos y lastimar a los ambulantes, indicó Rómulo Mejía Aguilar, presidente de la zona 12 de Gamarra.
Sólo basta recordar lo que sucedió el 1 de diciembre del año pasado para advertir que las cosas no han cambiado mucho. Un incendio dejó en evidencia el grave riesgo que cada día amenaza a las personas que habitan y laboran en Gamarra, cuando en la azotea del inmueble 179 de la calle Antonio Bazo se inició un siniestro, como resultado de un cortocircuito en un taller de confecciones clandestino.
El jefe de los bomberos a cargo de la operación, comandante Antonio Marticorena, responsabilizó aquella vez al municipio de la Victoria por cualquier siniestro que pueda ocurrir pues –explicó– le corresponde a la autoridad local supervisar las galerías y edificios de la zona. Si algo similar sucediera en estas fechas, lo primero que podríamos asegurar es quienes son los responsables.
En todo caso, nos toca estar prevenidos a todos ante este problema. Tanto clientes como comerciantes. Porque al final la fatalidad no discriminará ni a unos ni otros. Una respuesta inteligente, programada, seria, y sobre todo eficaz, es lo que necesita Gamarra para seguir ofreciendo sus productos en condiciones adecuadas. Sino estamos condenados a vivir situaciones como la de Mesa Redonda, consecuencias que muchas autoridades parecen haber olvidado.