viernes, 31 de julio de 2009

El Perú y sus tribulaciones

La política del país ha ido acomodándose en la profundidad de ese abismo que adoptó como Casa de Gobierno. En los últimos tres lustros el modelo económico neoliberal ha tomado la impostergable tarea de vendernos a los “mejores” postores, prometernos cifras azules y a firmar tratados “si o si”. Y este discurso nos lo cuentan con la misma profundidad que la de un secreto de algún libro de autoayuda.

Mientras tanto, nuestros hermanos amazónicos comienzan a cumplir sus últimas profecías del apocalipsis, una de esas profecías viene con seres parecidos a ellos, pero sin el escrúpulo ni el respeto ni el miedo de su gente, también se va cumpliendo eso de que también vendrá la muerte por el aire, que marcaran sus cuerpos, que los ahogará poco a poco y también de golpe.

Nuestros hermanos de Cajamarca sufren el sometimiento del poder del dinero, del gamonal blanco pero ahora con lengua extranjera, contaminan su colchón acuífero con la sinvergüencería de un “apretón” de combi, han espantado –por las buenas y por las malas- a todos los comuneros de alrededor de la mina, para no darnos la razón de que si siguieran ahí morirían dependiendo de las dosis.

Nuestros hermanos de Marcona sufren las consecuencias del abandono –o de la vista gorda- del gobierno y son maltratados por una transnacional China que piensa que acá tuvimos unMao tse tung. Y Camisea –que iba a ser el alivio que necesitábamos para no sufrir por hidrocarburos por unos veinte años- nos cuenta otra historia, ahora sucede que se priorizará la venta a México y próximamente a Chile, para nosotros, si sobra, si lo llegamos a necesitar. Habrá si no se siguen reventando esos tubos truchos.

Telefónica cobra lo que quiere, negocia con el Gobierno para bajar los tarifas y las baja, pero no informa que ha bajado las tarifas y en consecuencia el promedio de minutos que tenias para utilizar. Lan vuela por aires peruanos sin pagar porque así lo permitió este Gobierno y los anterioresa, y cuando sale a la opinión publica el ministro nos dice que no podrá cobrarle los millones que dejó de pagar porque están amparados por la ley peruana.

Y la culpa no es exclusivamente de estas empresas, sino del que debería ser el regulador, el responsable moral de hacer respetar la casa. Muchos de los atropellos que cometen las transnacionales están apoyados por un inciso en los contratos, eso sólo refleja insuficiencia mental y moral de los negociadores. El canibalismo neoliberal fue creado para el bien de los que sólo pueden vivir haciendo el mal, para reforzar la conciencia de los que creen que desminuir en un 1 % al año la pobreza tiene un costo necesario: vender su patria.

El doctor García, que es un experto en magia clásica -por las cortinas de humo-, y un inventor de promesas inverisímiles para este sistema, en la última campaña electoral prometió- para variar- cambio responsable; nos dice que todo anda bien, que nos falta pero que llegaremos a la meta: igualar o superar a Chile. A dónde llegaremos con eso, no sé.

El Perú está achacado, el 28 de Julio de 1821 debió ser uno de días en los que cayó enfermo el Dios de Vallejo. Nacimos mal y su gente la padece hasta hoy. Un escritor peruano contemporáneo dijo que el Perú no fue pensado, en realidad podemos dar muchas respuestas, porque la causa a tan grave situación pudo venir de cualquier punto cardinal, de cualquier desvarío en la expansión del universo, aun de un estornudo metafísico.

martes, 28 de julio de 2009

Patria, feliz día

Las Fiestas Patrias traen siempre más preguntas que respuestas. Preguntas que a veces suelen ser las mismas de años pasados, de decanas pasadas, y podría decirse que de siglos transitados. Pero hoy, 28 de julio de 2009, día en el que recordamos aquella fecha solemne de la proclamación de la independencia del Perú, mi patria, me digo hasta qué punto podrá llegar el caos y el desgobierno de estos 188 años de historia republicana. Y sucede que mi inquietud termina siendo parte de esa porción de preguntas que no sabremos respondernos mientras no lleguemos a pensar en el futuro antes que en el presente, que es lo que hizo y hace toda la dirigencia política que le ha tocado en algún momento tomar las riendas del Perú.

Federico Engels dijo alguna vez que la historia nos ha enseñado que los hombres no han aprendido nada de la historia. Es ironía pura aquella frase, pero cierta al fin y al cabo, desgraciadamente cierta. Pero hoy, que me siento tan peruano como un día de marzo o de octubre, no puedo dejar de expresar ese sentimiento inmenso y pleno que me produce ser peruano. De creer en mi país, no en los gobernantes, sino en el pueblo, en los peruanos de las distintas cultural que cubren de calor y de ideas cada kilómetro de territorio. Como joven, creo en los jóvenes, y creo que tendremos que ser nosotros los que busquemos cambiar los caminos truncos que ha construido la clase política generación tras generación. Creo, en suma, en un país de líderes entregándose a la causa del progreso y la justicia social.

Uno, para sentirse peruano, tiene que conocer el Perú. Y conocer el Perú en verdad no es fácil, por eso debe ser que muchos no entendemos las conductas de ciertos compatriotas y, más bien, los juzgamos con nuestros principios y patrones de vida, los que en muchos casos también son ignorados por éstos.

Somos un país de contradicciones. Multicultural, pluriracial, un conjunto de sociedades que no tienen el respaldo de un Estado consciente de las diferencias que unen a los peruanos de las distintas latitudes y altitudes del territorio patrio. Por eso, hoy que escuchaba el mensaje a la nación del presidente Alan García Pérez, se me vino la pegunta repetitiva y nociva de no saber hasta cuando sufriremos los embates del caos y el desgobierno. No esperaba nada del mensaje, pero a veces los sortilegios, la perorata frívola te invita a pensar en esa figura que se llama desgano, desesperanza. Pero no, no puedo permitir que el mal menor gane la batalla.

Por eso es que me he animado a escribir estas palabras, donde sólo quiero reflejar mi optimismo, mi fe en que ya es hora de un giro de timón en el rumbo del país, no hablo de revoluciones a lo siglo veinte, hablo de ideas imponiéndose a las viejas ideas, a las malas ideas, a las ideas individualistas y egoístas de algunos sectores poderosos. Pero para no quedarnos en ideas, vayamos a la práctica. Por ejemplo, podríamos iniciar este cambio buscando saber cuántas culturas somos en el Perú, qué los caracteriza para entendernos, escuchando al que no lo hacías ayer por la mañana. Saludando al paisano que pase por tu lado, pensando que él es tan peruano como tu corazón. ¡Viva el Perú, señores!

sábado, 18 de julio de 2009

Las mujeres nos llaman perros (Tercer capítulo)

Ayer estuve entretenido toda la tarde buscando un regalo para Claudia, pasado mañana es su cumpleaños, creo que hoy los amigos del trabajo piensan adelantarlo, ya que el lunes será imposible. Pero hoy no podré estar en la reunión, si la hay, claro. El lunes se lo daré. Mejor hoy me voy a hacer el despistado cuando la vea, seguramente a la salida para que se complique la existencia, como lo hace tan bien.

Esta semana si que se me complicó. Hoy tengo que ir al teatro, Sandra se muere por ver una obrita de este Alonso Alegría que no me cae para nada, la puesta en escena se llama Para morir contento, por lo menos el nombre parece divertido. Así que la complaceré.

Estoy descansando un rato de la rutina diaria de estar frente a este computador armando notas que en verdad no me interesan, nunca me ha interesado mucho la economía ni esos conflictos entre poderosos para ver quién gana más mercados en este pequeño país. Por eso aprovecho para subir esta notita al blog de Noe delirante, quién me ha pasado la voz que está escribiendo unas historias interesantes sobre las mil maneras que tiene los hombres de ganarse ese apelativo de “perros” que tanto escucho en los labios de las mujeres, y en particular, de mis amigas.

La verdad es que quiero contar una historia también, para ayudar a
este chibolo que parece que se ha quedado ya sin historias porque recién va dos, aunque me aseguró que serían diez. Y me atrevo a contar una historia mía con la seguridad que son muy pocos los que leen el blog de Jack, así que por estas y otras razones más no tendré reservas en los detalles de mi historia, la cual aún no culmino, pero creo que ya hay qué contar.

Claudia es mi compañera de trabajo, aunque ella trabaja en otra área, pero igual la conocí en una de las reuniones de confraternidad de la empresa. La conocí bailando, como dice la canción, y fue una empatía a primeras, esas cosas siempre me han gustado: esos inicios
inspirados en la casualidad, que van madurando a miradas cómplices, que sienten que ese gesto agradable no es suficiente, que debería durar más esa emoción que ha nacido tan de golpe y que embarga, más que al cuerpo, al corazón. A ese no se qué que domina las emociones de uno.

Bueno, la verdad es que fue paulatino mi acercamiento a Claudia luego de aquélla noche. Yo tenía enamorada, la que me también me tenía bastante concentrado en su mundo, que era complicado, pero que me gustaba igual, era escritora, o quería serlo. Ya había publicado un libro de cuentos gracias a que ganó un concurso, esos de los que hace anualmente la PUCP.

Entonces me hallaba en un conflicto, y lo peor era que la batalla interna era equilibrada, las dos tenían lo suyo, pero eran totalmente distintas. Quería la despreocupación por la vida de Claudia y la lucha contra la vida de Sandra. La dos tenían modos de ser que sólo resumirían a un mujer casi completa, con todo ángeles y demonios.

En ese momento, y advierto que no es una justificación, comenzaron a nacer nuevos parámetros de moralidad en mí, por decirlo de algún modo. Como que comencé a aceptar cosas que antes no lo hubiera aceptado, como era el de salir con dos personas a la vez. Querer estar con las dos paralelamente, y no sentir remordimiento por ello.

Pero no quiero hacer muy larga la historia, Jackson las cuenta cortitas, por eso pasaré a responder a una pregunta que seguro se estarán haciendo muchos – aunque espero que no muchos-: ¿cómo he podido, hasta el momento, mantener a las dos chicas a mi lado, sin que una no sepa de la otra?

No ha sido sencillo, se los aseguro. Creo que sólo ha sido fruto de las circunstancias. Por eso es que no sé hasta cuándo podré mantener esta aventura recargada.

Pero aún no respondo lo esencial de la pregunta: Creo que he podido mantener esta historia gracias a dos cómplices. Una es Claudia y la otra Sandra.

¿Saben por qué? Porque Claudia se muere por mí, pero luego de las experiencias que ha tenido me dice que quiere ir pasito a paso y que quiere que sea lo más despaciosamente posible. Lo que he aceptado más por razones de cálculo que de comodidad. Pero así están las cosas.

Y sobre Sandra, de ¿por qué la considero mi otra cómplice? Sencillamente porque ella vive en su mundo, y yo en la de ella, así que mientras no quiera fugar de aquel, con ella no habrá problemas. Y además, a veces he pensado que si ella se entera de lo de Claudia, seguro que terminaría conmigo, pero creo también que luego de unos instantes de pena, se pondría a pensar que le puede sacar algo positivo a la relación que mantuvo conmigo: y eso sería contarla en un cuento, de seguro creería que es el mejor que ha escrito.

(Estas historias son una mezcla de ficción y realidad, donde muchas escenas han sido creadas por el autor, y también se han cambiado los nombres de los personajes originales)

domingo, 21 de junio de 2009

Las mujeres nos llaman perros (Segundo capítulo)

El lunes pasado comencé a trabajar en una librería de San Isidro, luego de varios meses de para obligatoria por la falta de suerte y de currículo. Me ha ido bien y tengo expectativas en este trabajo. Y a esas expectativas ha contribuido Ingrid, una compañera de trabajo preciosa, que desde la primera que nos presentaron no hemos dejado de mirarnos y de sonreírnos cuantas veces hemos podido. Eso de mirarnos y sonreírnos hasta ayer, claro, ya que el jueves me aceptó una salida para el día siguiente. Y salimos. Nos fuimos a un barcito a dos cuadras del Parque de Miraflores, como para no perder el ambiente ya ganado. Desde las nueve de la noche bailamos hasta más o menos las dos de la madrugada. Hablamos de libros, de autores, de anécdotas y de mis experiencias como reportero en un canal de cable del Lima Este. Tenía que contar algo, además que eran sólo unos días mi trabajo en la librería.

Me dijo que vivía en Jesús María con sus padres y su hermanita menor. Que tenía 26 años y que adoraba a los gatos, que tenía tres. Me enseñó unas fotos de ellos. Por mi lado yo no quería mostrar mi celular, bastante pasadito de moda. A eso de la una y media y, en medio de un baile, creo que ya habíamos entendido que había química. Y que esa salida que habíamos aceptado mutuamente hacer para conocernos un poco más había resultado un éxito.

La verdad es que desde que la vi me quedé impresionado por su figura, por sus ojazos, por su cinturita y otros detalles cercanos que me perturbaban más allá de las ocho horas de trabajo. Así que en medio de los tragos y jugándome su futura compañía fue que le propuse pasar la noche juntos. Fue allí que escuché esa famosa frase “que vas a pensar de mí”. Que eres linda y que me encantas, nada más, le dije. Me sonrió y me sacó a bailar.

Ya era hora de irnos. Así que la llevé a un lugarcito que había conoció hace unos seis meses. Fue genial el resto de la noche.

Hoy sábado es mi día libre. Mañana tendré que trabajar. Pero hoy tengo que salir con Fiorella, mi enamorada, que me estuvo llamando como loca anoche, y que debe estar bastante molesta. Lo peor es que me he quedado misio luego de la aventura de anoche y sé que tendré problemas con Ingrid y Fio si es que no pongo en su lugar las cosas. Lo bueno es que fio con la maestría está bastante ocupadita. Así que me da chance para pensar qué hacer. Acabo de recibir un mensaje diciendo “Llámame” de Fio, que me malogra la mañana porque tendré que sacar dinero de cualquier parte para salir por ahí por un rato. Sólo espero que Ingrid no se emocione mucho y no me pida más de lo que le puedo dar….

(Estas historias son una mezcla de ficción y realidad, donde muchas escenas han sido creadas por el autor, y también se han cambiado los nombres de los personajes originales)

domingo, 31 de mayo de 2009

La casa de la Familia Mariátegui-Chiappe

“Mudada mis condiciones físicas,
fui adquiriendo gustos sedentarios”
J.C.M.

“Por ti, mi ensangrentado camino tiene tres auroras. Y ahora que estás un poco marchita, un poco pálida, sin tus antiguos colores de madonna toscana, siento que la vida que te falta, es la vida que me diste”. Estos versos le escribió José Carlos Mariátegui a su esposa en los últimos días de su vida, cuando vivía en una casa alquilada en el Jr. Washington Izquierda 554 en Lima Cercado. Residió ahí un lapso de cinco años, hasta el año 30 cuando le llegó la muerte antes de cumplir los 36 años.
Actualmente dicho predio, que lleva como nombre Casa Museo Mariátegui, acoge a diversas entidades académicas y culturales interesadas en promover encuentros y organizar actividades. El año 1972 estuvo a punto de ser demolida, pero fue salvada por el Instituto Nacional de Cultura, básicamente por el reclamo de los intelectuales de la época, y fue así que se le declaró Monumento Republicano.
Cuando uno llega a esa cuadra del famoso Jr. Washington, lo primero que advierte es que la vivienda que acogió al pensador ilustre y visionario, se ubica en medio de un centro de rehabilitación física y un inmueble que sirve para calmar los deseos y disipar los miedos de muchos amates secretos. La casa es un antiguo solar construido en los primeros años del siglo pasado en lo que fueran los extramuros de la Lima de principios del veinte, de un solo piso, la construcción guarda las características arquitectónicas de su época.
Un vigilante, que sacude las piernas para liberar el fastidio –me imagino- de tantas horas de pie, me da la bienvenida. Lo saludo y le pregunto si puedo ingresar a la biblioteca. Me dice que sí, que sólo tengo que registrar mi ingreso y entregarle mi documento de identidad. Me invita a pasar y lo primero que veo en la pared es una de las tantas fotos del “Amauta”, ahora mostrando una gran sonrisa, debe de ser una de las pocas en la que lo hace. Ingreso por la puerta de la derecha y llego a un pasadizo que me lleva al hall de la casa, las baldosas son de colores pajizos, y aprovechando todos los espacios en las paredes se encuentra una pinacoteca de los retratos de Mariategui, de estilo indigenista..
Me encuentro con la sorpresa que se está presentando una exposición de fotografías, objetos y libros de José Carlos denominado “Mariátegui y sus contemporáneos”. Pero a la vez se muestran los distintos ambientes de la casa y el mobiliario que usó la familia Mariátegui-Chiappe. Estoy parado entre el límite del pasadizo y el hall y me pregunto por dónde empezar. Así que decido empezar por el ambiente más cercano y el más grande ubicado hacia mi izquierda. Era la sala principal donde el pensador peruano recibía, al final de la tarde, a los amigos escritores, artistas, estudiantes y a los obreros, a los que les dio las armas del pensamiento.
La sala debe medir aproximadamente siete metros de ancho por nueve de largo, y debe tener unos cuatro metros y medio de altura. Al final de la sala, formando un ángulo recto, entre las dos paredes paralelas que soportan dos puertas cada una, hacia la izquierda, se encuentra el Rincón Rojo, un espacio formado por un mueble empapelado del color que evoca, con una banca en forma de bisagra en la misma esquina, que en los tiempos de Mariátegui estaban forrados de cuero. El ambiente aún se conserva solemne, como esperando esas tardes de tertulia, como eran conocidas. En aquella gran sala se desplazaba el ensayista en su silla de ruedas que manejaba el mismo.


Regreso hacía el hall y decido ingresar al siguiente ambiente, a simple vista más pequeño, al lado izquierdo de la gran sala. Era el sitio donde Mariátegui digitó y sacó adelante la revista Amauta y sus dos principales libros. Allí tenía su gabinete de trabajo. Anna Chiappe, su esposa, de nacionalidad italiana, que conoció y conquistó durante su exilio en Europa en los primeros años de la década del veinte, la acompañó hasta su muerte, tuvieron cuatro hijos: Sandro Sigfried, José Carlos y Javier, y era Anna quien aligeraba el manejo económico de la casa al iniciador del Partido Comunista en el Perú. También le modulaba el ruido domestico sin anularlo totalmente, ya que Mariátegui disfrutaba de la compañía espontanea y bulliciosa de sus hijos. Podemos observar, pegados a la pared, sillas, pequeñas mesas y un escritorio de acabado fino frente a la puerta del estudio.
Es necesario, nuevamente, regresar al hall para pasar al siguiente ambiente, era el cuarto de los hijos de la familia. Se encuentran en exposición roperos grandes, de tres cuerpos, precisamente dos. Uno de ellos lleva un espejo que muestra con creces, rajaduras por el pasar del tiempo. Están impecables, parecen nuevos y a uno le da ganas de darle un golpecito para salir de la duda, pero uno no puede porque dejan la ligera impresión, la extraña impresión de ser intocables, más allá de cualquier advertencia que están dadas en un pequeño papel, se trata más bien de un respeto a la solemnidad que inspiran los muebles, el mismo ambiente.
Salgo de la habitación y llego a ese eje que acompaña todo el recorrido de la casa y llego a lo que ahora es la biblioteca, un ambiente pequeño, de las mismas proporciones que el anterior. Me encuentro con un señor concentrado en su computadora, lo saludo mientras observo los andamios llenos de libros e imagino, por esas ligerezas de la vida, que todos deben estar relacionados con José Carlos Mariátegui, con ese socialismo a ultranza, y esa prístina impresión me lleva a dudar y no sé qué preguntar. De repente le explico un poco el objetivo de mi visita. Me responde muy amablemente que ese fue la habitación del “Amauta”, donde ahora descansan no sólo los libros que fueron parte de su biblioteca personal, sino muchos otros de variados temas, como me explica gentilmente el bibliotecario.
Uno no puede desplazarse cómodamente en la biblioteca, la verdad es que no me imagino a dónde me enviarán a leer si es que decido pedir un libro, y eso me hace seguir con mi aventura en aquella casa, de hecho, histórica. Me despido del señor agradeciéndole su tiempo. Y, a un lado de lo que fue el comedor de la familia encuentro una escultura de José Carlos del artista Orlando Izquierdo. Entro al comedor y me encuentro con la exposición de varios de los libros del pensador, muchos son primeras ediciones, pero también se muestran los libros que leía en otros idiomas como el italiano, el francés y el inglés.
Me encuentro con otro pasadizo gemelo al de la entrada, lleva a un ambiente que está cerrado. Es la dirección por lo que señala un letrero. Sé que no me van a atender si llego al final de pasadizo, pero igual quiero darme el gusto y lo hago. Regreso al hall, siento que la visita ha sido productiva. Mientras recorría los ambientes me los imaginaba hace 75 años, con niños, con una mujer hermosa atenta a las necesidades de su amado esposo y con una silla de ruedas yendo por todas partes, recibiendo a los amigos, a los compañeros, me imagino el ambiente con risas, pero también, por qué negarlo, con llantos, con silencios tristes.
Regreso a la entrada del local, me percato que en el pasadizo hay un cuadro de Anna Chiappe, y confirmo que era hermosa. El vigilante me ve e inmediatamente va a una mesa y saca mi DNI, me lo entrega, le agradezco. Le pregunto que actividad habrá por la noche. “Se presentará el Rincón de la Poesía, dirigido por el poeta Arturo Corcuera”, me dice. Me despido agradeciéndole.
Ya en la vereda, mirando a la derecha y a la izquierda para cruzar la pista, me digo a mi mismo, el Rincón de la Poesía ha suplantado al Rincón Rojo de un revolucionario innato. Lamentablemente, no tendrás, como diría Gonzalo Rose, tu octubre rojo José Carlos.

martes, 7 de abril de 2009

Fujimori: ¡Culpable! 25 años no son pocos

Luego de 16 meses de proceso se ha llegado a la parte final del juicio que siguió Alberto Fujimori, ex presidente de estas tierras, por crímenes de Lesa Humanidad durante su gobierno. El panorama fue candente, polémico, expectante, pero creo que sobre todo la historia está demostrando que este momento es crucial. A veces me he preguntado qué tan contundente sería la posición del Tribunal Especial encargado del juicio con todo el peso m0ediático que ha tenido encima. También me he preguntado qué importante sería que más bien la sentencia del pueblo peruano sea el que realmente pese, pero por lo que lanzan las últimas encuestas esa posición de repudio a la violación de derechos humanos, al autoritarismo es desalentador. ¿Qué esperarán muchos peruanos para reaccionar ante el caos y horror? No lo sé, pero tendrá que pasar en algún momento. Espero que la aparición de Keiko encabezando las encuestas estas últimas semanas sólo sea parte de este escenario paradójico que siempre acompaña a los buenos momentos. ¿Qué buenos momentos? Bueno, la sentencia condenatoria al hombre que premió y absolvió a un grupo paramilitar que sólo fue creado para matar y quemar a seres humanos. Es cierto, deberían estar otros ex presidentes también cargando con procesos penales por violación a los derechos humanos. En algún momento llegará. Nunca es tarde. Por lo menos tendremos este primer antecedente como prologo ineludible a futuros procesos. 25 años no son pocos diarián algunos, pero algunos creemos que si los son. Pero de hoy hacia adelante sólo deberemos recordar la etapa fujimorista en el poder como una historia negra que deberá ser obligatorio conocer a cada peruano.

PD. El papel del Tribunal ha sido implacable, la sentencia condenatoria a Fujimori ha sido amparada en las leyes, en el Estado de Derecho,pero sobre todo en el sentido común y el respeto a todas las víctimas de su política de guerra interna. Asimismo, es histórico y contudente que se le haya encontrado culpable en las cuatro acusaciones que se le imputaron.
No puedo dejar de agregar que lo que noto en los fujimoristas no es una visión que los lleve a asegurar que su líder es inocente de los cargos de los que se le acusa, sino que "a lo que hizo por el Perú, esos detalles de derechos humanos no son tan importantes, porque si no se hacía lo que se hizo el pueblo seguiría sufriendo el terror del senderismo". ¡Vaya!.

sábado, 7 de marzo de 2009

Las mujeres nos llaman perros (Primer capítulo)

Tengo 23 años, soy de tez canela, mido un metro setenta y tres, he hecho gimnasio por cerca de cuatro años y mis amigas dicen que soy guapo, mí enamorada también dice lo mismo. En verdad no me ando fijando en ello a cada rato. Sólo cuando alguien por ahí me coquetea, pero en fin, no me puedo quejar de mi suerte con las mujeres.
Tengo cuatro años con mi enamorada. Recuerdo que un primo mío apresuró los acontecimientos entre ambos encerrándonos en el baño de una academia preuniversitaria. Nos besamos tímidamente aquella vez, sin embargo no dejé de recibir una cachetada antes de aquel primer beso. Al final iniciamos una linda relación que se ha venido a complicar últimamente por cierta inseguridad que ella me reclama a estas alturas de la relación. Algo es cierto: la amo, quiero que sea la madre de mis hijos. No la quiero dejar. Pero, a veces se pone insoportable celándome y sacando nombres de mujeres que seguro conozco, pero que no pasan de ser simplemente eso: conocidas.
A veces me pregunto si podré en algún momento sólo concentrarme en
ella. Mejor dicho, quisiera saber si en algún momento ella será ese centro de mi vida que quiere ser para que acaben de una vez estos conflictos ya cotidianos, que más bien me alejan.
Al final, ninguno de los dos es universitario, yo trabajo en un restaurante de mesero y ella estudia inglés. Eso sí, nos vemos tres veces a la semana y casi siempre terminamos en alguna cama ajena. Podría decir que en ese sentido todavía conservamos todo el amor del mundo cuando se trata de estar a solas.
Hace unos meses, un primo suyo le fue con cuentos sobre una vecina de la otra cuadra, estoy seguro que más por celos que por la integridad de su prima. Aquel fin de semana fui a verla porque íbamos a ir al cine y me botó de su casa haciendo un escándalo que realmente me cohibió de la vergüenza que estaba pasando y, simplemente, me retiré. Por dentro pensaba que realmente me lo merecía pero al final lo que me tenía preocupado era si se le pasaría el coraje o si era definitiva esa choteada. En esos momentos ni se me cruzaba por la mente que había sido el primo el que me había delatado.
Bien, creo que también es necesario hablar un poco de esa vecina que entró en la historia. Su nombre, como el de mi enamorada o el mío, no vienen al caso. La llamaré simplemente vecina, y para ser más preciso una linda vecina. La había conocido dos años antes, me la habían presentado sus hermanas, dos esculturales señoritas un par de años menor que yo. Su casa era siempre casi un lugar de visita obligatoria los viernes o los sábados, ya que siempre estaba disponible para celebrar una fiesta con o sin motivo.
Fue ahí que conocí mejor a esta vecina de la historia: bailando, conversando, riéndonos de algún espectáculo protagonizado por algún cabeza de pollo. Pero inmediatamente me di cuenta que con esta vecina habría problemas, sencillamente porque era muy coqueta. Le gustaba jugar de miradas, de manos, de boca y, eso, entenderán, no es fácil de dejar de lado. Mi enamorada no sabía que yo iba a las fiestas que se hacían en aquella casa. Ella pensaba que mi relación era con los primos de las muchachas lindas que vivían allí. En una de las fiestas semanales el primo de mi enamorada llegó, luego me enteré que siguiendo a la vecina. Lo saludé, yo ya estaba ebrio, era de madrugada, había tomado como para olvidarme de los problemas de casa. Y como en otras oportunidades, las cuales no cuento por razones de espacio, esta vecina me dejaba ni un momento en paz. No me soltó. Recuerdo que bailábamos, cuando de pronto me abrazó y me besó como queriéndome comer la boca, se abalanzó y me hizo trastabillar. No me pude resistir y la besé, no podía hacer otra cosa, a pesar de que sentía que todos nos miraban, que sonreían, que cuchicheaban, pero la cerveza me había llevado a despreocuparme por mi al rededor, hasta por el primo de mi enamorada que estaba parado en la puerta de la casa, imagino que pasmado pero sobre todo bastante ebrio.
Bueno. Creo necesario repetir que a mi enamorada la amo, la necesito. Y sobre lo que se enteró de la vecina, creo, que ya se le pasó, aunque sus advertencias me dan un poco de miedo. Hemos quedado en salir más tarde a pasear. Espero que hoy no se arme la fiesta, porque no quiero perdérmela. Tiene que ser mañana, porque ella el sábado se va a Chosica a visitar a su abuelita. Y la vecina ya tiene claro que ese primo despechado no está invitado a la fiesta del fin de semana.
Aunque ahora se me viene a la cabeza varios comentarios que he escuchado a la vecina, y en general a sus hermanas y amigas. Presiento que a esas lindas chicas mi enamorada no les cae, creo que las cosas van por ahí también. Pero bueno. Yo no pienso dejarla aunque ellas me lo pidan, aunque tampoco dejaré de verlas por lo que haya pasado en algunas borracheras donde el licor nos llevó a equivocar las situaciones, los labios y en general las ganas.

(Estas historias son una mezcla de ficción y realidad, donde muchas escenas han sido creadas por el autor, y también se han cambiado los nombres de los personajes originales)