El lunes pasado comencé a trabajar en una librería de San Isidro, luego de varios meses de para obligatoria por la falta de suerte y de currículo. Me ha ido bien y tengo expectativas en este trabajo. Y a esas expectativas ha contribuido Ingrid, una compañera de trabajo preciosa, que desde la primera que nos presentaron no hemos dejado de mirarnos y de sonreírnos cuantas veces hemos podido. Eso de mirarnos y sonreírnos hasta ayer, claro, ya que el jueves me aceptó una salida para el día siguiente. Y salimos. Nos fuimos a un barcito a dos cuadras del Parque de Miraflores, como para no perder el ambiente ya ganado. Desde las nueve de la noche bailamos hasta más o menos las dos de la madrugada. Hablamos de libros, de autores, de anécdotas y de mis experiencias como reportero en un canal de cable del Lima Este. Tenía que contar algo, además que eran sólo unos días mi trabajo en la librería.
Me dijo que vivía en Jesús María con sus padres y su hermanita menor. Que tenía 26 años y que adoraba a los gatos, que tenía tres. Me enseñó unas fotos de ellos. Por mi lado yo no quería mostrar mi celular, bastante pasadito de moda. A eso de la una y media y, en medio de un baile, creo que ya habíamos entendido que había química. Y que esa salida que habíamos aceptado mutuamente hacer para conocernos un poco más había resultado un éxito.
La verdad es que desde que la vi me quedé impresionado por su figura, por sus ojazos, por su cinturita y otros detalles cercanos que me perturbaban más allá de las ocho horas de trabajo. Así que en medio de los tragos y jugándome su futura compañía fue que le propuse pasar la noche juntos. Fue allí que escuché esa famosa frase “que vas a pensar de mí”. Que eres linda y que me encantas, nada más, le dije. Me sonrió y me sacó a bailar.
Ya era hora de irnos. Así que la llevé a un lugarcito que había conoció hace unos seis meses. Fue genial el resto de la noche.
Hoy sábado es mi día libre. Mañana tendré que trabajar. Pero hoy tengo que salir con Fiorella, mi enamorada, que me estuvo llamando como loca anoche, y que debe estar bastante molesta. Lo peor es que me he quedado misio luego de la aventura de anoche y sé que tendré problemas con Ingrid y Fio si es que no pongo en su lugar las cosas. Lo bueno es que fio con la maestría está bastante ocupadita. Así que me da chance para pensar qué hacer. Acabo de recibir un mensaje diciendo “Llámame” de Fio, que me malogra la mañana porque tendré que sacar dinero de cualquier parte para salir por ahí por un rato. Sólo espero que Ingrid no se emocione mucho y no me pida más de lo que le puedo dar….
(Estas historias son una mezcla de ficción y realidad, donde muchas escenas han sido creadas por el autor, y también se han cambiado los nombres de los personajes originales)
